Ana María Matute Ausejo
Al estallar la guerra civil todo cambia. Es la segunda de cinco hermanos, dos hombres y tres mujeres. Se queja de falta de cariño materno, quizás suplido por el afecto de su padre, el cual, tras sus viajes a Berlín o Londres le cuenta a la pequeña Ana María historias fantásticas. Parece heredar la afición por los viajes y la fantasía de su padre.
A los cuatro años está a punto de morir por una infección de riñón y al año siguiente escribe su primer cuento, ilustrado por ella misma. Ya con ocho años vuelve a pasar por otra enfermedad grave por lo que la envían a Mansilla de la Sierra, Logroño, con sus abuelos. Vivió también en Barcelona, Castilla y Mallorca. Se educa en un colegio religioso en Madrid.
Con 10 años escribe una revista ambiciosa, Shibyl, vuelve a encargarse de las ilustraciones. Su primera novela, Pequeño teatro la escribe a los 17. Ignacio Agustí, director de la editorial Destino, le ofrece un contrato que acepta. Sin embargo, Pequeño teatro no se publicará hasta ocho años despues.
Escribe Luciérnagas en 1949 y queda semifinalista del Premio Nadal, pero la censura le impide publicarla, y en 1955 publica una revisión de esta obra llamada En esta tierra.
En 1952 se casa con el escritor Eugenio de Goicoechea, tienen un hijo, Juan Pablo, en 1954. Se separan en 1963. En 1953 publica la novela La pequeña vida que más tarde llamará El tiempo.
Comienza su trilogía Los mercaderes en 1960 con Primera memoria, la continuará con Los soldados lloran de noche y la termina con La trampa.
De 1965 a 1966 va como lectora a Bloomington (Indiana) y en 1968 a Norman (Oklahoma). Es calificada como mejor novelista de la posguerra. Su calidad de escritora está a la vista en sus obras, que además han sido premiadas muchas veces; algunos de sus premios son:
Mención especial en el Premio Nadal 1947, Premio Café Gijón 1952, Premio Planeta 1954, Premio de la Crítica 1958, Premio Nacional de Literatura 1959, Premio Nadal 1959 con Primera Memoria, Premio Fastenrath de la Real Academia Española 1962, Premio Lazarillo de literatura infantil 1965, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 1984.
Estuvo nominada para el premio Nobel de literatura y en 1976, según la academia sueca, su candidatura era la que más pesaba junto a la de Aleixandre. Fue finalista del premio Andersen y no ganó porque las obras llegaron al jurado sólo en castellano, aun a pesar de que estaban traducidas.
En Junio de 1977 viajó a Bulgaria con Escritores por la paz. Ingresa en la Real Academia Española de la Lengua en 1996 y el 18 de enero de 1998 lee su discurso y ocupa el asiento K anteriormente ocupado por Carmen Conde, siendo así la tercera mujer en ingresar en 300 años. Es miembro honorario de la Hispanic Society of America y de la American Association of Teachers of Spanish and Portuguese. Hay un premio literario que lleva su nombre.
En 2007 recibe el prestigioso Premio Nacional de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura y en 2010 se convierte en la tercera mujer en obtener el Premio Cervantes otorgado por el Ministerio de Cultura de España.
La universidad de Boston tiene en su biblioteca un fondo llamado Ana María Matute Collection. Sus libros han sido traducidos a 23 idiomas.
Otras obras:
‘La torre vigía’, donde narra la historia de un adolescente que debe iniciarse en las artes de la caballería. Aunque sigue la línea de las anteriores, se da en ella un cambio histórico de ambientación hacia el período medieval, rasgo que se ha convertido en el universo de sus libros más recientes, publicados tras un dilatado período de silencio literario: ‘Olvidado Rey Gudú’ (1997) y ‘Aranmanoth’.
Asimismo a lo largo de su carrera editorial han visto la luz también cuentos para niños. Muchos de ellos recopilados bajo los títulos ‘Los niños tontos’, ‘Caballito loco’, ‘Tres y un sueño, ‘Sólo un pie descalzo’y ‘Paulina’
Las novelas de Ana María Matute no están exentas de compromiso social, si bien es cierto que no se adscriben explícitamente a ninguna ideología política. Partiendo de la visión realista imperante en la literatura de su tiempo, logró desarrollar un estilo personal que se adentró en lo imaginativo y configuró un mundo lírico y sensorial, emocional y delicado. Su obra resulta así ser una rara combinación de denuncia social y de mensaje poético, ambientada con frecuencia en el universo de la infancia y la adolescencia de la España de la posguerra.
A la par la autora barcelonesa cultivaba el relato corto y publicaba títulos como ‘El tiempo’, ‘Historias de la Artámila’ o ‘Algunos muchachos’. Igualmente, a comienzos de los sesenta, editó dos libros corte autobiográfico: ‘A la mitad del camino’ y ‘El río’. En estas páginas evoca sus experiencias de la niñez en el ambiente rural y bucólico de Mansilla de la Sierra.
LL


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