Durante el Renacimiento español cualquier poeta sabía improvisar versos curiosos que otros poetas igualmente listos completaban como querían. Una de las fórmulas que entonces se llevó a cabo para diversión y gozo de poetas de tres al cuarto fue el verso llamado "de cabo roto". Consistía este poema en restarle la última sílaba a cada tramo poético y el lector tenía no sólo que adivinarla sino que completarla para entender la significación del poema.
Parece ser que el inventor de los versos de cabo roto fue el sevillano Alonso Alvarez de la Soria. El mismo que compuso un Versos de cabo roto dedicado al caballo Rocinante . Este cabo roto se puede leer en el capítulo I de preliminares de Don Quijote y dice así:
Soy Rocinante el famo-
bisnieto del gran Babie-
por pecados de flaque-
fui a poder de un don Quijo-.
Parejas corrí a lo flo-;
mas por uña de caba-
no se me escapó ceba-
que esto saqué a Lazari-
cuando, para hurtar el vi-
al ciego, le di la pa-
¿Te animas a completarlo?
OVILLEJOS
Otros versos que fueron muy populares en los tiempos del caballero de la Mancha fueron los que la gente llamaba ovillejos. La enciclopedia Cervantina los define así: "Composición poética que consta de una primera parte formada por tres octosílabos interrogativos, a cada uno de los cuales sigue una palabra que repite la rima del respectivo verso. La segunda parte consiste en una redondilla que resume el sentido de los versos anteriores y termina juntando en el último octosílabo las tres palabras de los versos cortos". En el capítulo XXVII en la primera parte de Don Quijote se da a conocer este ovillejo.
¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes.
¿Y quién aumenta mis duelos?
Los celos.
¿Y quién prueba mi paciencia?
Ausencia.
De ese modo, en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza
desdenes, celos y ausencias.
LL

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